Josep Moreno (@josepmoreno_21)
Desde su llegada al banquillo del Valencia en diciembre de 2024, Carlos Corberán ha protagonizado una transformación más que notable en el equipo. En los 17 partidos de liga que ha dirigido hasta la fecha, el conjunto valencianista ha sumado 30 puntos con un balance de 8 victorias, 6 empates y 3 derrotas.
Este muy buen rendimiento del equipo ha permitido al Valencia escalar desde los puestos de descenso hasta la 12ª posición que ostenta actualmente, situándose a tan solo dos puntos de las plazas que dan acceso a la previa de UEFA Conference League. Además, el equipo acumula ya nueve jornadas sin perder tras ganar a las Palmas en el estadio de Gran Canaria donde no ganaban desde hace 23 años.
Esta buena racha de partidos sin perder no se veía por el Camp de Mestalla desde la temporada 2018-2019 con Marcelino al mando del equipo, en aquella campaña el equipo enlazo hasta 12 jornadas que les permitieron clasificarse para la Liga de Campeones y conquistar la Copa del Rey en un año histórico.
En comparación, bajo la dirección de Rubén Baraja, el Valencia había obtenido solo 12 puntos en los 17 partidos anteriores con un registro de 2 victorias, 6 empates y 9 derrotas y con una plantilla que no levantaba cabeza y que se hundía en la clasificación.
Corberán ha sabido dar con la tecla desde su llegada procedente de la segunda división inglesa, donde entrenaba al West Bromwich Albion en una liga tremendamente exigente y competitiva. Implementando un sistema táctico 1-4-2-3-1 con un enfoque más ofensivo y liberando a los jugadores de la presión y el miedo al error. Esta estrategia ha aumentado la productividad del equipo en campo rival, más remates, goles y ocasiones que durante la etapa de Baraja.
Este impacto también se refleja directamente en el rendimiento de los jugadores, con un Almeida más enchufado y con jugadores como Diego Lopez y Javi Guerra con un alto rendimiento en los encuentros aportando goles, ocasiones y garra.
El efecto Corberán no solo se mide en números, sino en sensaciones. El Valencia ha recuperado competitividad, identidad y, sobre todo, ilusión. La grada de Mestalla vuelve a creer en su equipo, que ahora no solo compite, sino que propone y gana. El compromiso colectivo, la mejora táctica y el resurgir individual de varios futbolistas han devuelto al conjunto che al lugar que su historia exige: luchando por objetivos ambiciosos y con un juego reconocible.
Con cuatro jornadas aún por disputarse, el sueño europeo ya no suena a utopía. Si el equipo mantiene esta dinámica positiva, el Valencia puede cerrar la temporada de manera más positiva de lo esperado, dejando atrás los fantasmas del descenso y abriendo la puerta a una nueva etapa bajo el mando de un técnico que, en apenas unos meses, ha sabido reconectar al vestuario con su afición y devolver al club la esperanza de un futuro mejor del que viene siendo habitual por Valencia.





