Javier Richart
La derrota contra el Real Oviedo este martes no ha sido una más. El ambiente vivido en Mestalla fue diferente al habitual, la magia del feudo blanquinegro se perdió y se produjo un desencuentro entre el equipo y la afición. Las razones son múltiples, aunque en el último encuentro ha habido un punto de inflexión, algo inédito.
Especialmente en los minutos finales, Mestalla pitó a su equipo con el 1-2 en el marcador. José Luis Gayà se giró a la grada para recriminarle esta actitud, en una acción que, lejos de lograr su objetivo, consiguió el efecto contrario. El estadio valencianista empezó a pitar a su capitán en cada balón que tocaba.
Por otro lado, a Mestalla tampoco le gustaron algunas acciones en las que Gayà mandaba el balón hacia atrás cuando el equipo iba perdiendo. La afición estaba desesperada, y el idilio entre el capitán y Mestalla se rompió definitivamente después de unos años duros.
El nivel del lateral de Pedreguer ha descendido notablemente en los últimos tiempos, provocando las primeras dudas. Además, el capitán valencianista abandonó el estadio de los últimos, cabizbajo, y con cara de pocos amigos después de una noche negra que puede suponer un antes y un después en la relación entre Mestalla y su capitán.





