Josep Moreno(@josepmoreno_21)
Con la temporada a un partido de finalizar y “todo el pescado vendido” para el Valencia CF, es hora de que los equipos se empiecen a mover por el mercado de fichajes.
Al contrario que otros equipos de La Liga, en el Valencia esta todo en “stand by” hasta nuevo aviso, como es de costumbre estas últimas temporadas, el club che afrontará un mercado de fichajes marcado por la incertidumbre y parálisis debido a la falta de toma de decisiones por parte de Peter Lim. Esta situación de parón constante no solo afecta a los fichajes de jugadores sino también a las renovaciones pendientes que no avanzan ni hacia delante ni hacia atrás.
En el apartado de renovaciones y salidas, la más preocupante es la salida de Javi Guerra. Aunque tiene contrato hasta 2027 y una cláusula de 100 millones de euros, su continuidad no está ni mucho menos asegurada, el Villarreal posee el 30% de sus derechos económicos, lo que supone un pago adicional para el club y dificulta aún más cualquier negociación futura. Además, el de Gilet ya ha sido pretendido por equipos como el Atlético de Madrid, quien le quiso fichar el verano pasado.
Por otra parte, las renovaciones de Diego López, Foulquier y Cesar Tárrega entre otros están completamente paralizadas a falta de nuevo aviso, aunque el club se ha puesto en contacto con los agentes de los jugadores, no ha habido un acercamiento directo para abordar sus renovaciones de cara a la siguiente temporada. Se tratan de jugadores clave en la plantilla de Corberán a los que el entrenador de Cheste preferiría mantener en su plantilla de cara a la temporada que viene.
Tal vez una de las más importantes sea la de Diego Lopez, el extremo ha cuajado una temporada muy buena con 8 goles y 5 asistencias situándose como el segundo máximo goleador del equipo por detrás de Hugo Duro. Su progresión ascendente y su bajo salario le han convertido en uno de los fijos del equipo de Corberán, un bajo salario que contrasta directamente con su alto rendimiento esta temporada. Su entorno espera una renovación que de momento no llega, mientras otros clubes europeos empiezan a llamar a su puerta
TAMBIÉN LOS FICHAJES SON LOS GRANDES AFECTADOS
No solo las renovaciones son las principales afectadas por culpa del desinterés del máximo accionista del club, las altas también se encuentran en un estado de pausa, lo que supone un problema para el equipo, el cual debe reforzarse a conciencia de cara a la temporada que viene.
Algunos nombres que están sonando para recalar en el equipo del Camp de Mestalla son el mediocentro del Leganés Neyou y el jugador de Las Palmas Javi Muñoz, dos jugadores interesantes que podrían llegar a coste cero pero que están pendientes del “SI” de Lim.
Ambos jugadores finalizan contrato en sus respectivos equipos, lo que felicitaría su incorporación a la plantilla de Carlos Corberan y aunque ha habido acercamientos, las operaciones no se han cerrado. Pueden parecer dos operaciones fáciles, que reforzarían la plantilla y que llegarían a coste cero, pero en el Valencia todo se vuelve el doble de complicado cuando dependes de las decisiones de un máximo accionista despreocupado.
Además, con la marcha confirmada de Giorgi Mamardashvili al Liverpool, el Valencia CF se ve obligado a acudir al mercado en busca de un nuevo guardameta que no solo cubra la vacante dejada por el georgiano, sino que también compita directamente con Stole Dimitrievski por la titularidad. Aunque el macedonio parte con ventaja para asumir el rol principal bajo palos, el club considera prioritaria la incorporación de un portero de garantías que eleve el nivel de exigencia en una posición clave.
Todo esto dibuja un escenario donde el tiempo corre en contra del Valencia CF. El riesgo no solo está en no fichar, sino en perder a los que ya están. Jugadores como Guerra y Diego López son patrimonio deportivo y económico del club, y verlos salir por falta de iniciativa sería un golpe devastador para la afición y para el proyecto deportivo de Corberán.
El problema es que, en Valencia, las decisiones más importantes no se toman en la ciudad, sino a más de 11.000 kilómetros, en los despachos de Peter Lim.





