Peter Lim está más cómodo que nunca

Alejandro Domínguez

El Valencia CF volvió a hacer el ridículo tras caer por 0-2 ante el Atlético de Madrid en Mestalla, en un encuentro marcado por las rotaciones del conjunto rojiblanco, que compareció con varios suplentes e incluso jugadores del filial. Más allá del resultado, la derrota remarca la situación deportiva del equipo como la consecuencia directa de un problema estructural que arrastra el club desde hace años. El mayor problema es que NO hay club.

Desde 2019, el Valencia ha experimentado un proceso continuado de descapitalización por parte de su accionista mayoritario, Peter Lim, acompañado de una evidente falta de inversión deportiva. Esta realidad ha derivado en una plantilla mediocre y en un proyecto deportivo sin dirección. Meriton centra su valor en activos ajenos al rendimiento competitivo, como el desarrollo inmobiliario. El Valencia CF actúa más como una inmobiliaria que como un club de fútbol y es triste, muy triste.

Mientras tanto, el foco mediático se sitúa en jugadores y cuerpo técnico. Mientras reciben las críticas masivas, imagino al mangante de Singapur acariciando un gato y riéndose maquiavélicamente, ya que nadie se fija en él, sino en su macabra y mediocre obra. Y qué decir de los colaboracionistas necesarios: el presidente online, Ron Gourlay o el innombrable Javier Solís, la mano que mece la cuna. Nadie se gira al palco y los cánticos de 10 segundos no son suficientes.

A ello se suma el papel de la administración, especialmente en el contexto de los acuerdos vinculados al futuro del Nou Mestalla y el Mundial. Los políticos han abandonado al Valencia CF y han traicionado a su pueblo. Unos y otros. Todos le han puesto la alfombra al que juega con otras reglas. Es el mayor fracaso de la sociedad valenciana en toda su historia.

«El Valencia será lo que los valencianos quieran». La llave del futuro del Valencia CF está en su afición. Si el aficionado quiere cambiar las cosas hay que ir al lugar en el que sienten el hierro, y más ahora a un año de las elecciones, al Ayuntamiento. Mientras los políticos le pongan la alfombra roja al cacique de Singapur, él estara más cómodo que nunca.

El Valencia sigue inmerso en un ciclo que se repite temporada tras temporada, y ya cansa. La situación actual está afectando especialmente a las nuevas generaciones de aficionados, que no han conocido un Valencia competitivo al más alto nivel. Pese a todo, el sentimiento valencianista sigue vivo y así lo marca el récord porcentual de asistencia, aunque marcado por la frustración y la incertidumbre de qué será de este club, aunque ya no es el Valencia que conocimos.

Todo es muy triste. Amunt.

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