
Vicente Sobrino
No fue, desde luego, la mejor novillada para hacer encaje de bolillos; pero tampoco fue una novillada como para salir corriendo o echar las cartas. Los de Chamaco, aunque desiguales de tipo pero de buen corte de presentación, salieron sin raza, con escasa casta, mansos, muy parados casi, pero también obedientes y muy nobles. Novillos, pues, para que, al menos, los novilleros no se sintieran agobiados, que no es poco.
Con ese material el que supo sacar partido fue el azteca Ignacio Garibay. Suelto, con fe y confianza propia, anduvo por encima de las cualidades de sus utreros. Versátil, alegre, con personalidad, y poniendo en práctica el buen toreo. Su primero, tercero de la tarde, basto de hechuras, hizo las cosas más raras del mundo en los dos primeros tercios. Costó un mundo meterlo en el capote, pues se espantaba o se frenaba cuando se lo ofrecían. Y fue un manso de cabo a rabo en varas. Pero dio la cara en la muleta y, sin ser un dechado de embestir, llegó con buen son, aunque algo rebrincado. Garibay, sin forzar ni obligar demasiado, lo entendió bajo un concepto muy personal. Y aunque no todos los muletazos salieron limpios, la faena en su conjunto fue meritoria. El sexto fue el mejor, sin tampoco ser nada del otro mundo. Pero embistió, a media altura, obediente y sin clase. Le sirvió a Garibay que, en esta ocasión, brilló sobre todo en el toreo sobre la mano izquierda. Bien a pies juntos o a campás medio abierto, lució el mejicano. Firme, puesto y con las ideas muy claras. Y con su dosis necesaria de valor. La estocada, aunque con el aviso sonando, le sirvió para abrir la puerta grande. Habrá que verlo. La Feria de Julio deberia ser la ocasión.
Alberto Donaire puso todo de su parte hasta que le llegó el límite. No hubo acuerdo entre él y sus novillos y se demoró demasiado con la espada en el cuarto. Félix San Román, vigororo y corpulento novillero, puso toda la vuluntad del mundo. Le buscó las vueltas a sus dos novillos con enorme voluntad. Sonsacó aislados muletazos largos, bajo un buen concepto. Al quinto lo mató de un formidable estoconazo, con el refrendo del descabello.
Ficha de la novillada
Novillos de Chamaco, el segundo lidiado como sobrero una vez devuelto el inválido titular.
Desiguales pero bien presentados. Faltos de casta, mansos y muy parados.
Alberto Donaire: pinchazo y estocada desprendida (saludos); ocho pinchazos y estocada (silencio
tras aviso).
Félix San Román: Media estocada (saludos); estocada y descabello (vuelta tras leve petición).
Ignacio Garibay: estocada (oreja); estocada (oreja tras aviso). Salió a hombros.
Novillada con motivo de la festividad de la Virgen de los Desamparados. Menos de media entrada