La hipoxia cerebral asociada a estos episodios puede afectar a la memoria, la atención, el lenguaje o la regulación emocional incluso cuando la recuperación inicial parece completa

Redacción Valencia Capital Radio

Cada verano, playas, piscinas y ríos registran cientos de incidentes relacionados con el agua. Aunque las campañas de prevención se centran, con razón, en evitar los ahogamientos mortales, los especialistas en neurorrehabilitación del Instituto de Rehabilitación Neurológica de Vithas (Irenea) en Vithas Valencia Consuelo y Vithas Aguas Vivas, integrado en el Instituto de Neurociencias Vithas, recuerdan que algunos niños que sobreviven a un semiahogamiento pueden presentar secuelas neurológicas que no siempre resultan evidentes en las primeras fases de recuperación.

Un semiahogamiento es un episodio en el que una persona sobrevive tras sufrir una dificultad respiratoria dentro del agua. Aunque no llegue a producirse una parada cardiorrespiratoria completa, durante esos minutos puede producirse una disminución parcial del oxígeno que llega al cerebro, conocida como hipoxia cerebral.

«Existe la falsa sensación de que si un niño sobrevive al episodio, recupera la conciencia y recibe el alta hospitalaria, el problema ha quedado resuelto», explica el Dr. Enrique Noé, director de investigación de Irenea. «Sin embargo, hoy en día, sabemos que incluso situaciones de hipoxia leve o moderada pueden dejar secuelas neurocognitivas que inicialmente pasan desapercibidas».

Según el neurólogo, determinadas estructuras cerebrales especialmente sensibles a la falta de oxígeno, como el hipocampo o los lóbulos frontales, pueden verse afectadas durante un semiahogamiento. Como consecuencia, algunos menores pueden presentar alteraciones en funciones como la atención, la memoria, el aprendizaje, la planificación, el lenguaje o la regulación emocional.

El daño cerebral hipóxico silencioso

En los últimos años ha cobrado fuerza el concepto de «daño cerebral hipóxico silencioso» para describir aquellas lesiones que no provocan secuelas físicas evidentes, pero que pueden afectar al funcionamiento cotidiano del niño.

«En la población infantil, estas secuelas pueden ser especialmente difíciles de identificar porque el cerebro continúa desarrollándose durante años», advierte el Dr. Noé. «No es que la lesión aparezca después, sino que determinadas dificultades se hacen visibles cuando aumentan las exigencias académicas, sociales o de autonomía».

De hecho, investigaciones longitudinales recientes en niños supervivientes de ahogamientos no fatales han mostrado que algunas alteraciones cognitivas, conductuales o de aprendizaje pueden manifestarse cuando el desarrollo cerebral y las demandas del entorno ponen a prueba capacidades que todavía estaban madurando en el momento de la lesión.

La importancia del seguimiento neuropsicológico

Los especialistas en neurorrehabilitación de Vithas Valencia Consuelo y Vithas Aguas Vivas insisten en que la recuperación tras un semiahogamiento no debe evaluarse únicamente por la supervivencia o la ausencia de secuelas físicas.

«Cuando ha existido una situación de hipoxia cerebral es recomendable realizar un seguimiento clínico adecuado, ya que las consecuencias pueden afectar a diferentes áreas del desarrollo y del funcionamiento diario del niño. Cualquier cambio en el aprendizaje, la comunicación, la conducta, la autonomía o la participación en sus actividades diarias habituales debe ser valorado por profesionales especializados», señala la Dra. Carolina Colomer, directora clínica de Irenea, que también dispone de unidades especializadas en neurorrehabilitación en Vithas Vigo, Vithas Sevilla y Vithas Xanit Internacional, además de un centro monográfico en Elche

Según Colomer, la identificación de estas dificultades no siempre resulta sencilla. En muchos casos no aparecen en las primeras exploraciones médicas ni generan secuelas físicas evidentes, sino que se manifiestan a través de pequeños cambios en el comportamiento, el aprendizaje o la forma de desenvolverse en el día a día.

Por este motivo, los especialistas de Vithas destacan el papel fundamental de las familias en la detección precoz de estas secuelas puesto que, en muchas ocasiones, son los primeros en observar que algo ha cambiado. «Cuando se produce un daño cerebral es habitual que exista una escasa conciencia de las propias dificultades. Por eso, escuchar a las familias resulta fundamental», concluye la doctora. «Muchas veces son ellas quienes mejor conocen el funcionamiento previo del niño y quienes primero detectan cambios que pueden orientar hacia un diagnóstico adecuado y permitir una intervención precoz».

Por último, y con motivo del inicio del calor y del verano, ambos expertos recuerdan la importancia de extremar las medidas de seguridad en entornos acuáticos, pero también de prestar atención a posibles cambios de la vida cotidiana tras sufrir un semiahogamiento, incluso cuando hayan transcurrido años desde el accidente.

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