Los polluelos nacidos dentro del programa de conservación impulsado por la Conselleria de Medio Ambiente y la Fundación BIOPARC inician la etapa final de su desarrollo en una caja-nido de reintroducción en Valencia. La videovigilancia muestra “en vivo” el curioso comportamiento de estas inconfundibles aves de rostro blanco en forma de corazón. La actuación tiene como objetivo proteger la biodiversidad y supone un gran avance en la recuperación de la lechuza común, catalogada como vulnerable en la Comunitat y gran aliada en el control de plagas de roedores


Redacción Valencia Capital Radio

La pérdida de biodiversidad es uno de los grandes desafíos ambientales de nuestro tiempo. Ante esta situación, la colaboración entre instituciones comprometidas con la preservación de la naturaleza es fundamental para impulsar proyectos que reviertan esta tendencia y favorezcan la recuperación del entorno. En este contexto se enmarca el trabajo que desarrollan la Fundación BIOPARC y la Conselleria de Medio ambiente, Infraestructuras, Territorio y de la Recuperación de la Generalitat Valenciana fruto del Convenio para la protección de especies autóctonas amenazadas, como es el caso del gallipato (Pleurodeles waltl), el galápago europeo (Emys orbicularis), el murciélago y, ahora, la lechuza común (Tyto alba), todas ellas esenciales para los ecosistemas mediterráneos.

Actualmente, el proyecto cuenta con cinco parejas de esta fascinante ave que durante ocho meses han sido cuidadas por personal técnico de BIOPARC Valencia en las instalaciones específicamente diseñadas para garantizar su bienestar y correcta evolución de la crianza. La veintena de polluelos nacidos esta temporada han comenzado la fase final de su desarrollo mediante la técnica de hacking, que consiste en la utilización de cajas-nido especialmente acondicionadas para favorecer la reintroducción. El crecimiento se produce evitando el contacto humano para que vayan adquiriendo sus comportamientos naturales imprescindibles para su supervivencia.

Esta instalación dispone de un sistema de videovigilancia que permite realizar un seguimiento constante de las lechuzas sin interferir en su conducta. Gracias a este control se observa el progreso de los pequeños, que ya han empezado a asomarse al exterior. Así, permanecerán en este espacio hasta alcanzar la autonomía suficiente para alimentarse por sí mismos, con el fin de lograr la reinserción definitiva en las zonas periurbanas de Valencia.

Con su inconfundible rostro blanco en forma de corazón, su vuelo silencioso y sus extraordinarias capacidades sensoriales, la lechuza común es un indicador de la calidad ambiental. Tiene un papel imprescindible en el equilibrio del ecosistema, al actuar como controladora natural de plagas, pues en su dieta se estima que un ejemplar adulto puede llegar a consumir alrededor de unos 1.000 roedores al año.

Por este motivo, este avance marca un hito en la recuperación de la lechuza común, presente en el medio rural de, prácticamente, todo el mapa nacional y clasificada como “Vulnerable” en la Comunitat Valenciana, según el Catálogo Valenciano de Especies de Fauna Amenazada. Su preocupante situación se debe principalmente a la transformación de la agricultura, al aumento en la utilización de biocidas, a la falta de lugares adecuados para nidificar y a los atropellos.

Desde la Fundación BIOPARC se promueven estas acciones que también son plataformas de educación de la sociedad pues el regreso a los cielos valencianos de esta delicada rapaz supone la oportunidad de que muchas personas puedan profundizar en el conocimiento de nuestra biodiversidad, entendiendo y apoyando la necesidad de proteger la naturaleza.

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