Redacción Valencia Capital Radio

El agua es un recurso estratégico que fluye por ciudades y pueblos en constante movimiento. Cada válvula abierta, cada presión ajustada y cada intervención en las tuberías asegura que miles de hogares reciban agua limpia a tiempo. También que la agua que hemos usado, la que se ha de depurar y tratar para devolverla al ciclo natural, lo haga en las condiciones que toca. El ciclo integral del agua -la red de potables pero también y en especial todo lo vinculado a la depuración de aguas- no es solo cuestión de infraestructuras: es un sistema vivo que refleja la actividad de la ciudad en cada rincón.

El día a día con ejemplos concretos

En paralelo, María Ángeles de Pedro, al frente del área de C.I.C.L.O.S, moviliza a los equipos de reparación ante cualquier incidencia, mientras Patricia Urban, desde Regulación y Control de Red, supervisa las tuberías de mayor calibre, asegurando que un problema en un tramo no afecte a toda la ciudad. Sobre el terreno, Yolanda Pérez revisa las tuberías arteriales que transportan miles de litros, y en el Centro de Control de Operaciones, María Isabel Gil recibe los avisos de averías y coordina su resolución, como si cada movimiento de la red fuera un tablero de ajedrez que requiere precisión.

Todo este trabajo se complementa con la tecnología que hace posible que la ciudad funcione sin interrupciones. Sensores, sistemas de telecontrol y el gemelo digital de la red permiten anticipar problemas, optimizar el flujo y actuar antes de que los ciudadanos perciban cualquier alteración. Cada acción del equipo y cada ajuste tecnológico pasan desapercibidos, pero juntos garantizan que la ciudad siga abastecida y protegida.

Durante las Fallas, la Nochevieja o las grandes ocasiones deportivas, culturales o sociales exigen que la red se adapte en tiempo real a esos cambios para que todo sea posible. Los sistemas detectan variaciones de presión y consumo, ajustan caudales y garantizan que cada hogar reciba agua, mientras los equipos en el terreno limpian tuberías, desatascan imbornales y vigilan que todo funcione con normalidad.

Bajo la superficie, en los centros de control y en las calles, la red sigue viva. Cada acción, cada intervención y cada ajuste es parte de un engranaje silencioso que mantiene a València abastecida. Lo invisible se convierte en esencial, y el liderazgo femenino asegura que la ciudad nunca se quede sin agua.

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