Pie foto: Israel Guirao, al natural. Foto Espacios Nautalia 360



Vicente Sobrino

Lluvia al principio, frío toda la tarde, aburrimiento en dosis abundantes, dos horas y treinta y cinco minutos de espectáculo. Es decir, la tormenta perfecta para salir maldiciendo de la plaza. Y entre tanto desatino, un nombre convertido ya en la última perla del toreo valenciano. Apunten: Israel Guirao. Digamos que el nombre propio no es muy taurino, pero las condiciones de este alumno de

L’Escola Taurina son, si algo no se cruza con lamento en su carrera, como para pensar que estamos en una figura en ciernes.

Ni su novillo ni el resto de la novillada de Aida Jovani, fueron como para hacer encaje de bolillos, todo lo contrario. Erales bien presentados, pero solo fachada. Distraídos de salida y durante toda la lidia, sin clase, sin humillar, muy justos de fuerzas, antipáticos en su embestida, no pusieron las cosas fáciles a sus matadores. El tercero, el de Guirao, se pasó los dos primeros tercios dando vueltas al ruedo sin atender capotes. Los primeros trances de la faena no prometían nada, pero con paciencia, con la cabeza muy despejada y dando la impresión de saber en todo momento lo que hacía, Guirao lo fue mimando hasta meterlo definitivamente en la muleta. Puesto siempre en el sitio, tirando con suavidad, la faena desarrolló sentido y compromiso. Inteligencia y clase.

También variedad. Con la faena hecha y el novillo acorbardado, llegó un aviso antes de entrar a matar. Pero la obra quedó patente. Guirao brindó este novillo a El Soro, que le obsequió con una diana floreada.

El resto del espectáculo tuvo más bajos que altos. Se ha dicho ya que la novillada de Jovani no fue la esperada y de los cinco espadas restantes destacaron destellos de algunos. Por ejemplo, el afán incombustible de Alejandro González (Escuela de Albacete); la firmeza de Ian Bermejo (Escuela de Castellon), con tres desarmes que afearon una faena con momentos de toreo largo con la mano izquierda; el buen concepto, con un buen toreo con la izquierda a dosis de Clovis (Escuela de Beziers), y mal a la hora de matar; la galería de cara a la gente del otro valenciano del cartel, Hugo Masiá, que, por cierto, mató fatal y a punto estuvo de escuchar los tres avisos; y el buen aire de Daniel García (Escuela Yiyo de Madrid) manejando también la izquierda a un novillo que además de sembrar el caos en banderillas, embistió a arreones.

Apunten: Israel Guirao, la joya de la corona de L’Escola Taurina. La última (o penúltima) perla de la cantera valenciana.

Ficha del festejo

Erales de Aida Jovani, bien presentados, de capas variadas, de juego decepcionante. Mansitos, distraídos, sin clase, embistieron a oledas. También muy justos de fuerzas.

Alejandro González (Escuela de Albacete): pinchazo y estocada (Saludos)

Ian Bermejo (Escuela de Castellón): pinchazo y estocada (Saludos tras aviso)

Israel Guirao (Escuela de Valencia): más de media (oreja con petición de la segunda tras aviso;

Clovis (Escuela de Beziers): media, pinchazo y cinco descabellos (Silencio tras aviso)

Hugo Masiá (Escuela de Valencia): pinchazo, estocada y cuatro descabellos (Silencio tras dos

avisos)

Daniel García: pinchazo, media baja (vuelta al ruedo).

Plaza de Valencia, 7 de marzo. Primera de Fallas. Un cuarto de entrada.

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